Llega el otoño

Me sigo indignando con una facilidad asombrosa, me paso media vida indignado, y lo celebro, porque no dispongo de ningún otro indicio para sospechar que mi vida, yo mismo, quizá también otras cosas en este mundo, tenemos arreglo. El día que por fin deje de indignarme, me habré muerto o habré empezado a estar de acuerdo con lo que soy, es decir, seré feliz. Sólo la milagrosa perspectiva de la segunda hipótesis compensa el riesgo incalculablemente atroz de la primera.

Almudena Grandes de “Atlas de Geografia Humana”
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